«La verdad es lo que es…»

«… y sigue siendo verdad, aunque se piense al revés»

A muchos les asusta la tajante frase de Antonio Machado. Y quizá tengan razón en criticar las verdades absolutas. Pero en estos tiempos de relaciones líquidas (afectivas, comerciales, laborales), viene bien un poco de solidez, de materia, de átomos bien pegaditos entre sí que den coherencia a nuestra visión del mundo.

Cuando creamos Certeza, amigos y colegas muy sensatos comentaron que el nombre iba a contracorriente, que hoy las certezas no existen, que la fluctuante economía mundial, las pandemias explosivas, la catarata de tecnologías disruptivas y los nuevos modelos de relacionamiento (¿aislamiento?) social, dificultan enormemente la comprensión de lo que pasa hoy. Y ni hablar de imaginar el futuro, siquiera a corto plazo. En resumen, nos aseguraron (vaya paradoja) que todo es muy complejo para tener certeza sobre nada.

Pero hay cosas que siguen siendo necesarias -tal vez más necesarias que nunca- en este revuelto escenario.

Necesitamos sabernos capaces de mirar a los ojos a la otra persona y decirle la verdad. Y contar con que nos responderá con la verdad. O al menos, la versión más honesta de la realidad que esa persona pueda reconocer y expresar como suya.

El valor de la duda es innegable. Permite a la ciencia poner a prueba todas las ideas, ver cuáles son superiores a otras y establecer un nuevo paradigma hasta que se descubra o cree algo mejor, más útil y cercano a la verdad.

Quizá por eso hay algo mágico acerca de la verdad. Por ejemplo, cuando un político (profesión cuestionada si las hay) dice algo que resuena como cierto en nuestra cabeza, se produce esa magia. También aparece esa sensación cuando sentimos que estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo; que sea cual sea el desenlace, pusimos toda la carne en el asador; incluso perdiendo, el revolcón y los dientes perdidos valieron la pena.

Y así la gente y las acciones se van conectando y retroalimentando. En ese intercambio de certezas, nacen las sinergias necesarias para avanzar, el debate franco a partir del desacuerdo, el análisis de cuánta verdad hay en lo que comunicamos con la voz y con el cuerpo. Somos seres sociales; el otro es el espejo que refleja e interpela nuestra sensatez y la validez de nuestra visión. Del intercambio franco entre pares, emerge la verdad.

En nuestro caso, estamos  seguros de la validez de lo que proponemos; pero solo hasta que nos encontremos con una verdad mayor y la hagamos nuestra. Hablemos y quién sabe, en ese diálogo podríamos llegar a alcanzarla juntos.