En un mundo cada vez más consciente del impacto ambiental, que su empresa cuente con una política ambiental hace tiempo dejó de ser una opción y hoy es una necesidad. Incorporar prácticas sostenibles contribuye al bienestar del planeta, solidifica su reputación corporativa, mejora la relación con los consumidores más informados, exigentes y sobre todo dispuestos a pagar más por productos o servicios amigables con el medioambiente.
En esta transición hacia la sostenibilidad, sabemos que hay dos cosas que no funcionan: una es la sobresimplificación («hacemos un par de cosas bien intencionadas y las compartimos en redes») y la otra es el greenwashing, (una mala práctica que exagera o falsea el compromiso ambiental solo para aparentar). Actuando así, lejos de generar un impacto positivo se arriesga la reputación propia y se retrasan los verdaderos avances para mitigar la crisis ecológica.
Un camino sencillo y sensato para las empresas es que compartan sus avances ambientales reales, en base a metas claras y acciones verificables. Lo poco o mucho que pueda hacer, hágalo y comuníquelo.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible del Pacto Global de la ONU, son justos y a la vez ambiciosos. El esfuerzo global para alcanzarlos está siendo importante, aunque falta involucrar a gobiernos, empresas e instituciones y obviamente a la sociedad. Autores como Vaclav Smil cuestionan con argumentos la viabilidad de esas metas para 2030, aunque hay solo tres caminos: alcanzar los objetivos, mover las fechas o rebajar las expectativas.
Para las medianas y pequeñas empresas, siempre lidiando con un presupuesto acotado, integrar tecnología y rentabilidad con sostenibilidad puede parecer un desafío difícil. Sin embargo, puede lograrse con un enfoque realista. En nuestra cartera hay clientes que lo consiguieron, simplemente a base de constancia y trabajo serio. La clave está en priorizar acciones de alto impacto social y ambiental, adoptando soluciones tecnológicas que ayuden a reducir costos. Por ejemplo y entre decenas de acciones que hemos acompañado, se puede implementar software para optimizar el consumo energético, migrar a fuentes de energía renovable o ajustar procesos internos para la gestión eficiente de residuos. Acompañado con una cultura interna de sostenibilidad mediante la capacitación de sus empleados, la difusión a sus clientes y el compromiso de proveedores responsables, se amplifica el impacto.
Lo ideal es no ver a la sustentabilidad como una meta aislada, sino como un componente esencial de la estrategia empresarial haciar beneficios económicos derramando mejoras acumulativas en la sociedad y la naturaleza. Las empresas que integren prácticas responsables en sus operaciones, no solo contribuirán a un futuro más limpio, sino que también se posicionarán como líderes en un mercado que premia cada vez más el compromiso genuino con el medio ambiente. ¿Le damos una mano en esa tarea noble, prometedora y rentable?

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